Analizar lo que los demás viven me hacen reflexionar y agradecer lo que tengo y me dan día a día. Pero no es lo que busco en realidad.
Me estoy dando cuenta de que siempre quiero tratar de ayudar a esa gente que analizo, que leo, que escucho, de la que me compadezco. La empatía se apodera de mí y hace que trate de resolver las cosas desde el lugar del otro; tengo que resolver esos problemas sí o sí, tengo que salvar a esa persona; esa persona tiene que poder ser feliz.
Aunque sienta desprecio por la mitad del mundo, y no pueda creer que haya y haya habido gente tan hija de puta, la otra mitad merece ser feliz. La gente laburante, luchadora, con sueños y pasiones, bondadosa, que quiere hacer de éste un vivir mejor, debe ser feliz.
Volviendo al punto principal, me estoy convenciendo cada vez más de que mi futuro se está forjando. Aunque a veces no lo aparente con mis comentarios ácidos y mi rechazo por ciertas cosas que la gente común cree "lindas" o "importantes", créanme que yo quiero ayudar a la gente, sólo que a la gente que merece mi ayuda (suena egocéntrico, pero soy yo quien está escribiendo estos pensamientos, y sobre mi propia persona; no un chanta que le roba a los ingénuos haciéndoles creer que pueden cambiarlos con sus seminarios de "sea una mejor persona").
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